TRATAMIENTO COGNITIVO-CONDUCTUAL PARA NIÑOS CON DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD

Este tratamiento es una parte muy importante dentro del programa de intervención para niños con TDAH. Un tratamiento completo requiere la administración de fármacos estimulantes, los métodos conductuales, el entrenamiento a padres y profesores, junto a la terapia reeducativa con los niños.  Siempre, claro está, teniendo en cuenta las características individuales de cada paciente, sólo de esa manera, este tratamiento será beneficios. 

Debe administrarse de forma individualizada, evaluando previamente las dificualtades específicas de cada niños y sus propios procesos cognitivos- conductuales que manifieste como más relevantes.  Por tanto, habrá de tenerse en cuenta para dicho programa el temperamento, estilo de aprendizaje, respuesta la refuerzo, autoconcepto, autoestima, estilos atribucionales, expectativas de éxito, nivel madurativo y capacidad inicial de autocontrol..., de cada uno. 

Previamente será necesario enseñar al niño a mantener una atención sostenida, como prerrequisito imprescindible al entrenamiento en estrategias de solución de problemas.

Demorar las recompensas y superar los fracasos, aumenta el umbral de tolerancia a la frustración, lo cual debe ser tanto más importante como enseñarle técnicas que mejoren su rendimiento. 

Es muy útil entrenar a los padres, compañeros, hermanos, profesores y otras personas que interactúen con él en su ambiente cotidiano, para que se puedan generalizar la nuevas conductas implantadas. 

Asímismo la discriminación es igual de importante que la generalización. Necesitan aprender no sólo cómo usar las estrategias cognitivas, sino cúando y en qué casos deben usarlas.

Aunque los tratamientos de este estilo se centran en los pensamientos y conductas del paciente, no hay que desestimar o ignorar los modelos emocionales. Un niño con hiperactividad puede tener muchas dificultades para reconocer, regular y emitir sus propias emociones. Por eso, el entrenamiento debe incidir sobre pensamientos, sentimientos y actuaciones. 

Y por supuesto que importa la relación entre terapeuta-niño, puesto que es el primer modelo a seguir de forma constante y quién maneja los refuerzos y motivaciones durante el tratamiento. 

En la medida de lo posible, debe ampliarse al contexto familiar y escolar, haciendo participes a padres y educadores e incluso abuelos. 

 

Verónica Díaz 

Psicóloga de AyC

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